lunes, 23 de marzo de 2009

El pasado viernes fuí a la feria Santa Lucía nuevamente, esta vez no tenía mucho tiempo, pero debía hacerlo. Estuve por algunos minutos sentada en una banca que había en uno de los pasillos y miré a los vendedores que ahí trabajaban, noté que muchas son mujeres no muy jóvenes. Mujeres que no se ven en otros trabajos, tal vez porque acá no las contratan, sino que es una labor independiente.
Me percaté de un fuerte olor, en realidad no era uno, sino que varios, era olor a incienso, pero salían de varias tiendas, eran muchos olores distintos; reconozco que me marearon un poco.
Cuando iba pasando por un local, iba saliendo de la feria, vi una tienda que llamaba la atenció por sus colores, era como la pieza de una niña. tenía objetos rosados, verdes, celestes, colores muy vivos y lo que ahí vendían eran adornos, juguetes de madera, cajitas de vidrio, pequeñas piezas de muchos colores. Me agrada este tipo de negocios, porque los otros son muy oscuros.
También ví unos locales de tatuajes y piercing, atendidos por hombres -generalmente- con ropas negras y pelo largo. Con aspecto rudo, pero muy amables. A estos locales acuden mayormente los adolescentes que quieren tatuarse o perforar su cuerpo. A los otros locales van turistas, y compran, entre otras cosas, poleras de Chile, con alguna leyenda o un estampado del mapa de nuestro país, esto me llamó la atención, porque siempre veía poleras de otros lugares del mundo, pero nunca de Chile. También vi varios locales en los que había mujeres vestidas con mucha lana, telas poco ajustadas, bolsos muy largos, eran las denominadas "hippies" que estaban cotizando en los locales de su mismo estilo.
Para terminar salí hacia el metro Santa Lucía, por otro pasillo, donde noté que había un baño público, era de suponerse, donde iban a hacer sus necesidades esas personas que están todo el día trabajando ahí...

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